sábado, 2 de diciembre de 2017

RADIO: EXPRESIVA Y EMOTIVA: ARTÍSTICA


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El hombre es un ser social y acústico por naturaleza. Antes de la palabra o el lenguaje propiamente dicho, la comunicación se manifestaba por sonidos guturales, que expresaban lo que el hombre hacía, sentía, y deseaba, haciendo de esta una representación simbólica de interrelación con el entorno. El lenguaje vino después, para estructurar, hacer trascendente la comunicación y para convertirse netamente en una experiencia humana. Es así que la voz y la palabra juegan un papel muy importante en la historia de la sociedad. Pero esto no queda ahí, hay otro elemento que vino a darle un matiz esencial a los componentes que ya se tenía, estamos hablando de la música, potente resonador universal que junto con la voz y la palabra serán la combinación perfecta para poder llegar a las audiencias, utilizando la radio como vehículo de contenidos acústicos, despertando todos los sentidos (multisensorialidad), captando la atención e impresionando, en los dos hemisferios del ser humano: racional y afectivo.

A medida que pasa el tiempo existen muchos elementos que se van incorporando para hacer más exquisito un discurso radiofónico como la diversidad musical, los efectos sonoros, los silencios, los recursos lingüísticos, la intensidad de la voz, entre otros, que conforman un ensamble armonioso para la elaboración de un texto sonoro, que más que un sencillo producto final puede considerarse también una producción artística, pues así como un pintor toma su lienzo y distribuye los elementos que conforman su obra, con la finalidad de expresar emociones, del mismo modo también un comunicador radiofónico utiliza diversos recursos estilísticos y lingüísticos para llegar a las audiencias y manifestarles emociones que es una de las principales reglas del arte, por ende la radio está en toda la capacidad de poseer una concepción artística.

La persona que está delante de un micrófono, me refiero a un comunicador radiofónico, es la persona que habla, que emite mensajes, opina, informa, educa, entretiene, utilizando un recurso primordial, esencial, y base de todo discurso radial, la voz, la cual debe mantener bien cuidada ya que es la principal herramienta de su trabajo, que intrínsecamente se define como un soporte en donde se construye un primer piso haciendo referencia a la palabra, y es esta íntima relación y vinculación entre ambas (la voz y la palabra) lo que permite la construcción del lenguaje radiofónico, que se manifiesta cuando se codifica un mensaje, se realiza esa doble operación de selección y combinación,  sintácticas y léxicas expresando y describiendo una realidad completa, para que el texto pueda poseer valor estético que lo convierte en obra de arte, transmitida a través de la radio al oyente.
“La regla de las reglas es gustar”, y para que esto llegue a concretarse el discurso radiofónico tiene que tener necesariamente matices que adornan y acompañan el mensaje, para que este pueda ser percibido por la audiencia de manera agradable, placentera y hermosa, pues aquí estamos hablando de lo armónico que resulta la combinación de voces en una secuencia para la construcción de un mensaje sonoro y esto tiene que estar supeditado a la intencionalidad comunicacional que se quiera despertar en los oyentes.
A ello se suma otro recurso que sin duda alguna no puede mantenerse aislada, la música,  que tiene la función poética de servir en la radio para describir, sin palabras, el lugar, el tiempo, el estado de ánimo, las condiciones sociales y la idiosincrasia de la cultura de los pueblos. Este componente del discurso radiofónico es una antiquísima manifestación artística por excelencia y de presencia prácticamente universal, asimismo, se ha desarrollado de una manera ilimitada en un sinnúmero de géneros, como expresión cultural e histórica, y además, por sus características intrínsecas como hecho artístico, se hace presente también en la radio.
 Existe otro componente que quizá por sí solo no tendría una connotación estética completa, pero sirve como complemento dentro del texto sonoro, estamos hablando del ritmo que según Balsebre es la repetición periódica de un mismo elemento acústico.
Para incrementar el poder comunicacional, el poder de emotividad y de expresión que se consigue a través de la radio, los códigos estéticos de la música, la voz, la palabra y la armonía se enriquecen con los efectos sonoros, que son aquellos sonidos tanto naturales como artificiales, que, de manera articulada y gracias a su verosimilitud y su correcta utilización, permiten evocar el espacio real o imaginario a través de los ambientes y atmósferas sonoras.

Todos los recursos del lenguaje radiofónico antes mencionados, construyen una percepción en el oyente con respecto a la emisora, pues es en definitiva lo que le da personalidad o un rostro para que pueda ser identificada y en lo que puede resultar como agradable o desagradable, o que pueda gustar o no. Y es que la radio posee un carácter artístico ya que la mezcla de todos los componentes del lenguaje radiofónico hacen del discurso una obra de arte, y así como existe una estética cinematográfica y teatral, también existe una estética radiofónica, de esta manera como lo afirma Lidia Camacho “la radio es dueña de un lenguaje singular cuya formulación puede tener una intencionalidad artística”.

La voz, la palabra, los sonidos, la música, y todo lo que trae consigo el lenguaje radiofónico, unida a la capacidad de transmitir y expresar emociones llegando a las audiencias de manera asertiva despertando la imaginación que por un momento estaba dormida, y hasta lograr que todos los sentidos se involucren en la intención comunicacional, a esto nosotros llamamos arte. Y es que la radio en su esencia se convierte en: expresiva, emotiva y artística.

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